viernes, 6 de marzo de 2015

Tentar a la suerte.


Tenía un amigo que estaba obsesionado con los trabalenguas. A mi me hartaban pero no me atrevía a decírselo porque era muy sentido. Un día que me aburría decidí ser cruel sin que se diese cuenta:

- Anoche soñé que se te quedaba la lengua enredada de tanto decir trabalenguas.

- ¿Qué? -enseguida lo somatizaba todo- ¿Pero luego se me pasaba, no?

- No, era irreversible, un nudo marinero imposible de deshacer.

Nunca más me dio la paliza con el tema pero empezó a hablar sin parar con la lengua torcida, por si acaso.

lunes, 2 de marzo de 2015

Yo pecador.


Cuando el cura le puso delante su primera hostia consagrada rogó al Todopoderoso que le ayudase a recordar la palabra que fatídicamente había olvidado y acto seguido escuchó susurrar a una señora; "vengo en un santiamén". Convencido del milagro y con gran alivio dijo "amén" pero ya nunca más se le quitó la culpa por haberse comido después y a traición el cuerpo de su hijo Jesucristo, que el sacerdote, con espeluznante sonrisa diabólica, le posó sobre la lengua.

lunes, 23 de febrero de 2015

Duele.


Después de la muerte de mi madre no pude llorar y a la semana fui a depilarme a un sitio desconocido; con el primer tirón de cera se me saltaron las lágrimas y ya no pude parar hasta que la pobre chica me terminó las dos piernas. Dio tranquila el último tirón y siguió dejándome llorar mientras me rociaba despacio con polvos talco.

- Lo siento -dijo seria y dulce-, lo siento mucho.

Antes de irme le pregunté su nombre, que es como ahora se llama mi hija. Cuando le pongo talco en su cuerpecito me acuerdo de ese día y le prometo al oído no regañarla nunca por llorar cuando algo le duela.

viernes, 20 de febrero de 2015

De tal palo tal pastilla.


Mi padre era un ladrón de guante de látex y media rota que atracaba farmacias para conseguir las pastillas que le recetaban a su madre. Para lo único que mi abuela no necesitaba pastillas era para dormir. Gracias a su narcolepsia yo podía hurgar en los montones de cajas hasta encontrar los somníferos para el insomnio crónico que desarrollé a causa de los palos de mi padre, que antes de ser ladrón era farmacéutico.

lunes, 16 de febrero de 2015

Mamón.


Mi ex marido se dormía abrazado a mis pechos como si fuesen a robárselos. Se agarraba a ellos con una pasión desesperada que yo observaba con curiosa distancia. Cuando le daba el pecho a nuestro único hijo, él se quedaba mirando con estupor catatónico y en la cama solía chuparme como deseando succionar la leche. Las veces que lo largaba a dormir al sofá se chivaba a su madre con voz de niño mimado y el día que le pedí el divorcio se avalanzó sobre las tetas llorando y suplicando, preguntándose con profunda y sincera emoción por qué a él, por qué le había tenido que tocar una mujer tan fría y poco maternal. Me fui con la esperanza de llegar a entenderlo algún día pero será la falta de sensibilidad porque sigo igual.

jueves, 5 de febrero de 2015

Déjà vu.


Ellos continúan hablando cuando de pronto siente que es una insignificante ficha de juego movida por unos dedos descomunales. El sinsentido de este instante parece por un momento querer explicar algo y es justo ahora cuando lo invade la imagen de estar atrapado dentro de un disco de vinilo que reproduce sin pausa y alternativamente la cara A y la cara B que sin remedio han acabado rallándose dejándolo en un desconcertante suspenso del que solo la fuerza bruta de su amigo es capaz de sacarlo gracias a la sonora y enérgica colleja que ahora mismo le propina.

lunes, 26 de enero de 2015

El juego de los zapatos.


Se sentaba en una esquina de la acera a ver pasar pies calzados con zapatos de tacón, botas, deportivas, etc. Jugaba a imaginar a las personas por su calzado y al aspecto físico exterior que ideaba le asignaba un amasijo de deseos, miedos, motivaciones, heridas, esperanzas, sintiendo que les daba vida igual que hacía con el relleno del interior de sus muñecos. Unos zapatos conocidos se pararon frente a ella y escuchó una voz que identificó al momento. Cerró los ojos deseando hacerse invisible pero no funcionó y el juego se desplomó. Un escalofrío la atravesó de pies a cabeza al descubrir que ese hombre de carne y hueso era como un muñeco sin relleno. La extrañeza de no saber nada de unos zapatos tan conocidos hizo que el cielo bajara varios metros amenazando con aplastarlos y apretó muy fuerte la mano de su padre mientras cruzaban la calle pisada y repisada por miles de zapatos desconocidos.